Brainstorming

El Brainstorming o tormenta de ideas es sin lugar a dudas, el método más divulgado. Creado por Alex F. Osborn en 1.953. (Revisado en 1.957). El objetivo principal era asegurar un ambiente adecuado a la hora de generar ideas. Buscaba generar la mayor cantidad y variedad posible de aportaciones, a través del aplazamiento del juicio crítico. Fue inicialmente pensado para su aplicación en grupo, aunque se utiliza asimismo de forma individual. 

Origen y autoría

E

E

Principios y normas

Factores

- Se prohíbe la crítica adversa en el momento de la generación.

- La libertad y la originalidad son bien recibidas.

- Se requiere cantidad.

- Se busca combinación e improvisación.

En un primer momento (generación), lo que se pretende es hacer surgir el mayor número posible de aportes, sin entrar de momento a analizar la adecuación u oportunidad de las mismas. Se deben aceptar todas las propuestas, por muy descabelladas que parezcan.

Es muy importante que al dirigir un brainstorming cuentes con la ayuda de un secretario, el cual irá anotando en la pizarra o rotafolios las verbalizaciones que van realizando los asistentes, ya que en algunos momentos, la producción puede llegar a ser muy alta. Deberás estar siempre de cara al grupo, invitando a la participación, pero procurando que nadie se sienta obligado o molesto.

Los participantes, pueden ser habituales o invitados. El número ideal de los mismos es para Osborn de doce, aunque pueden manejarse bien grupos entre seis y quince personas.

Procedimiento

F

G

H

K

1.- Comunicación previa a los participantes. Es mejor que lo hagas de forma escrita y con al menos un día de antelación, para que éstos tengan así la oportunidad de pensar en el tema e “incubarlo”.

2.- Explica claramente las normas antes comentadas e insiste en la necesidad de que sean cumplidas de forma escrupulosa.

3.- Precalentamiento. Especialmente en el caso de que los participantes no estén familiarizados con la tarea, es recomendable comenzar haciendo una pequeña tormenta con un tema que resulte poco comprometido e incluso divertido.

4.- Planteamiento del problema real a trabajar, el cual debe formularse con la suficiente concreción.

5.- Fase de producción: se inicia la tormenta, las ideas se van anotando en la pizarra. En estos momentos, lo más importante es la libre expresión de las mismas. Debes alentar constantemente la participación. “¿Qué más, qué ideas más se os ocurren?” Repite, resume y reformula en voz alta las aportaciones de los diferentes miembros. A veces éstas llegan en forma demasiado difusa o mediante frases excesivamente largas. En ese caso, busca un enunciado alternativo, pero siempre asegurándote que refleja lo que el portador ha querido expresar y solicitando su conformidad.

La duración media aproximada puede estar entre veinte minutos y media hora. No se debe extender mucho más allá, al no ser que se sigan produciendo aportes de interés. Sin embargo, debes evitar cortar la sesión antes de tiempo, ya que las mejores respuestas suelen darse normalmente en la segunda parte de este periodo.

6.- Cierre de la sesión. Cuando se ve que el grupo está ya fatigado y que no existen ideas nuevas, puedes dar por cerrada la fase de producción, agradeciendo el esfuerzo realizado por los participantes y destacando los aspectos positivos del trabajo. Si piensas que todavía pueden realizarse aportaciones de interés, invita a los asistentes a que sigan pensando en el problema y en el caso de mantener una “reveladora conversación con la almohada”, incorporen este material en siguientes sesiones.

7.- Fase de clasificación de ideas. Acabada la tormenta se analizan y discuten las ideas. Si se ha producido un elevado número de las mismas, quizás sea conveniente organizarlas de forma previa:

- Se eliminan aquellas redundantes. En este caso, ten mucha delicadeza y pregunta al autor de la idea si realmente entiende él que es lo mismo y si está de acuerdo entonces, con la eliminación.

- Se agrupan por categorías.

8.- Una vez que el panorama se ha clarificado, se pasa a establecer los criterios para la valoración de las ideas: adecuación, viabilidad, impacto, coste, riesgos, beneficios, etc. En función de dichos criterios, se aceptarán unas, se matizarán y rechazarán otras o se refundirán varias. En ocasiones, es conveniente que las personas que lleven a cabo esta selección sean diferentes a las que han intervenido en la fase de producción.

Colegio oficial de Psicólogos de Madrid
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