Mobbing o acoso laboral

El mobbing o acoso laboral es un mal que, por desgracia, nos afecta de una forma mayor a lo que creemos. En los años 80, el estudioso del tema Heinz Leymann, en una investigación realizada en la Universidad de Manchester, estima en  18,9 millones de jornadas laborales anuales perdidas en el Reino Unido.

Resulta especialmente estremecedora, una frase suya en la que considera al acoso laboral como "el crimen perfecto": “En las sociedades de nuestro mundo occidental altamente industrializado, el lugar de trabajo constituye el último campo de batalla en el que una persona puede matar a otra sin ningún riesgo de llegar a ser procesada ante un tribunal”.

Pero lo más importante es saber que, en estos momentos, tenemos personas de nuestro entorno que lo están sufriendo. Según las investigaciones llevadas a cabo por Iñaki Piñuel y El Observatorio Cisneros, se calcula que cuantitativamente, puede afectar actualmente a un 13% de la población laboral española. El porcentaje es creciente, agravado por la situación de crisis económica: 2,5 millones de trabajadores, la mitad pueden tener síntomas de estrés postraumático.

Los procesos de victimización y destrucción psicológica pueden ser semejantes a los que sufren otro tipo de víctimas como por ejemplo, las víctimas de violencia de género. Con el agravante de que en este caso no se trata de un único maltratador, sino que además de un líder acosador suele darse un séquito de "aliados activos"  y un conjunto de "testigos mudos" que si bien considera injusta la situación de la víctima, no hacen nada por evitar dicha situación, por el temor de que pasen a ser ellos, el blanco de las conductas de acoso. Y envolviendo esta situación, una serie de creencias establecidas, más o menos compartidas que relativizan el mal, lo justifican o animan a que la víctima siga aguantando este tipo de situaciones: "en todos los trabajos hay este tipo de cosas", "según están el mercado laboral, mejor aguantar", "ésto va en el sueldo"...

 

Pero quizás lo que más daño puede hacer a la víctima sea escuchar consejos bien intencionados como que acuda a un profesional para que le ayude a desarrollar sus habilidades sociales, a organizarse mejor en el trabajo, que intente ganarse a la gente... Todo ello conduce a una victimización secundaria, al cargar en ella, cierta carga de responsabilidad con lo que está ocurriendo. Esta persona, probablemente necesite apoyo psicológico, porque como señalábamos anteriormente, las heridas psicológicas sean muy intensas. Sin embargo, de lo que tiene que tomar conciencia fundamentalmente es de que ella no es culpable de lo que le está pasando.  Y que con las debidas ayudas, puede empoderarse de su propio proceso de superación de ésa situación.

 

Y aunque nuestra sociedad y en consecuencia el sistema legislativo y judicial han tardado en darse cuenta de esta situación, las cosas han empezado a cambiar y hoy en día existen recursos y vías para proteger a las víctimas de acoso laboral y perseguir tanto a los responsables activos como a los directivos o responsables empresariales que protegen, consienten o amparan este tipo de delito en el seno de sus organizaciones. 

Colegio oficial de Psicólogos de Madrid
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