Vida reactiva o vida creativa. Artículo 5: "Fluyiiie".

Cuanta más agua lleve el río, más fértiles serán las tierras que se extiendan a su paso. Con las ideas sucede algo parecido. La fluidez nos permite llevar más agua a donde ésta se requiere. Conviene que llueva mucho. Pero al mismo tiempo, debemos evitar poner nosotros mismos obstáculos que impidan su flujo normal.

 

Para ello, necesitamos identificar y eliminar toda carga de actitudes o posicionamientos que frenen o inhiban el caudal. En estos momentos, “menos es más”.

 

En ocasiones, vendrán períodos de sequía y sin embargo, necesitaremos disponer de un caudal suficiente. Tendremos que recurrir entonces a artificios que nos ayuden a aprovechar la energía potencial del agua. Por ejemplo, forzando la producción cuantitativamente. O bien, buscando reacciones, a través de la consideración de ideas que aparentemente puedan parecer absurdas o carentes de sentido. Otra opción es recurrir a elementos aleatorios para provocar nuevas respuestas.

 

J.P. Guildford, fue uno de los primeros estudiosos en analizar los múltiples factores que componen la personalidad creadora. Entre otras interesantes conclusiones, destacó el factor “fluidez” como uno de los más relevantes en las personas creativas. Se define éste, como la capacidad de producir un gran número de ideas o de respuestas para solucionar un problema, distinguiendo tres clases diferentes:

- Fluidez de ideas: se refiere a la cantidad de elementos que somos capaces de producir en un tiempo determinado.

- Fluidez de asociación: diversidad de respuestas que implican el establecimiento de relaciones.

- Fluidez de expresión: se refiere a la facilidad en la construcción de las frases.

 

 

Empápate.

 

Para conseguir logros creativos importantes, debemos estar inmersos en un “campo estimular”. Las ideas están compuestas de información y cuanto más fiable, consistente y actualizada se presente ésta, mucho mejor. Esto resulta especialmente obvio en algunos campos como la ciencia donde un avance, un descubrimiento o un invento, normalmente requieren largos años de estudio e investigación. En palabras del periodista Richard Kapuscinski «para escribir una página, hay que leer cien». Por lo tanto, es normal que los grandes genios en estos campos hayan hecho sus mayores aportes a una edad relativamente avanzada.

 

En el campo de las artes en general, la genialidad ha podido despuntar a edades mucho más tempranas (Mozart, Rimbaud...). En estos casos, el repertorio de destrezas basadas en la información o la experiencia es menor y las capacidades creativas se muestran más determinantes. Según de qué tipo de arte hablemos, existen diferencias importantes en cuanto al papel que juega el plano racional, frente a la intuición o el arrebato emocional.

 

Pero en ningún caso, las ideas surgen de la nada, sino que se combinan, se transforman o cambian de ámbito de aplicación. Veremos más detenidamente estos procesos en los próximos capítulos. Explicaremos también, cómo funcionan los mecanismos de la “incubación”, los cuales ayudan a la gestación de ideas al ordenar y procesar la información en un registro bajo de conciencia, después de experimentar periodos largos o intensos de inmersión.

 

  

La cantidad lleva a la calidad.

 

Cuanto más grande sea la base, más alta será la cúspide de la pirámide. Esta realidad estadística está presente en múltiples facetas de la naturaleza y de la vida humana. Por ejemplo, en el fenómeno de la reproducción, millones de espermatozoides se lanzan a competir en busca de un óvulo al que fecundar. El elevado número de éstos garantiza que aquel que salga ganador, será lo suficientemente sano y poderoso para generar una nueva vida en condiciones que garanticen la supervivencia.

 

Cuanto más ideas tengamos para trabajar, más probabilidad de que alguna de ellas sea útil y valiosa. Haciendo un sencillo cálculo, si la probabilidad de encontrar una idea útil es por ejemplo, de un 5% y partimos de 10 elementos, contaremos a priori con 0,5 propuestas válidas. Si somos capaces de aumentar los primeros, en alguna medida aumentarán las segundas. Ello, sin contar el efecto de la interacción entre diferentes ideas, ya que éstas pueden realimentarse mutuamente, estableciendo conexiones o relaciones potenciales que puedan generar propuestas de mayor calado.

Thomas Alva Edison fue uno de los mayores genios inventores. Su reconocido talento creador no le hacía dormirse en los laureles, sino que ponía a éste en permanente tensión. Proponía tanto a sí mismo como a sus colaboradores, alcanzar una cuota de ideas. Su objetivo personal era lograr un invento cada diez días y una invención mayor cada seis meses. No parece que le diera malos resultados.

 

Proponte alcanzar tu propia cuota. Puedes comprometerte a generar una serie de ideas, independientemente de los frutos que puedan generar. Comienza, estableciendo un período de tiempo. Ponte un objetivo retador, pero que sea asumible: por ejemplo, generar 20 ideas nuevas en las próximas 15 semanas.

 

Al finalizar el período de estas 15 semanas, haz balance. ¿Has conseguido los objetivos?, ¿te has quedado cerca? En función de los resultados, podrás plantearte nuevos retos. Lo importante es que, sea cual sea el resultado, experimentes un progreso. En momentos posteriores, puedes registrar además, el número de "ideas útiles", aquellas que has podido desarrollar o aplicar de alguna forma.

Por ejemplo: aumentar la cuota de ideas en un 10% durante las próximas 15 semanas, generando al menos dos ideas que sean útiles en algún aspecto.

 

Aplaza el juicio.

 

Ya hemos advertido que el juicio crítico es fundamental para discernir las ideas valiosas, pero que al mismo tiempo podía inhibirlas e incluso destruirlas, en caso de utilizarlas de forma prematura. Insistimos por tanto, en la conveniencia de aplazar el juicio de forma consciente para posibilitar el fluir del pensamiento. Cuando este flujo haya cesado, será entonces nuevamente momento para el análisis y la evaluación.

 

Este aplazamiento, nos permitirá mayor libertad de enfoque y de respuestas, consiguiendo así, mayor cantidad y variedad de propuestas iniciales. Numerosos autores han destacado la importancia de separar el juicio afirmativo del momento de la generación de ideas. En esta estrategia se asientan técnicas y métodos clásicos como el Brainstorming de Osborn y la Sinéctica de Gordon y Prince.

 

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