Vida reactiva o vida creativa Labra con imagen y palabra.

La imaginación es el ojo del alma.

Joseph Joubert

 

 

Cuando somos capaces de hacer pasar el torrente de pensamientos a través de una gota del cristalino de las imágenes, obtenemos ese arco iris tan deseado, en el que aparecen con nitidez todas las tonalidades y matices. Tanto a la hora de generar ideas, como al ordenarlas, elaborarlas y transmitirlas, la sabia conjunción de ambos canales consigue efectos multiplicadores.

 

Son indudables los beneficios que la escritura ha aportado al progreso de nuestro pensamiento, así como al desarrollo de nuestra sociedad. A través de una serie de códigos y convenciones, articulamos nuestras ideas y las definimos más claramente. Hemos aprendido el lenguaje escrito como vehículo de comunicación dirigido a otras personas. Quizá por esta razón, se nos ha insistido tanto en respetar las convenciones ortográficas, morfológicas y sintácticas. Para no pocas personas esto ha supuesto un encorsetamiento que ha hecho que no se sientan a gusto a la hora de utilizar la expresión escrita.

Sin embargo, no hay por qué renunciar a ella. Si el lenguaje es el «vehículo del pensamiento» como decía Vigotsky, la palabra escrita es el medio más seguro de llegar a donde queremos, de aclarar nuestras ideas, profundizar en nuestros conceptos, discernir nuestros sentimientos, percepciones e ideas cuando están aún en fase embrionaria o “nebulosa”. Como señala Csikszentmihalyi, «lo más importante es que la palabra escrita nos permite entender mejor lo que está ocurriendo dentro de nosotros mismos».

Constituye, por tanto, una manera muy recomendable a la hora de dar cuerpo a los problemas. Especialmente útil cuando los elementos a tratar están cargados de emotividad y queramos situarlos en un plano más racional.

Por lo tanto, es sumamente valioso utilizar el lenguaje escrito para comunicarnos con nosotros mismos.

 

 

A pesar de que la escritura evolucionó a partir de las imágenes y símbolos, ésta no es necesariamente más avanzada. El pensamiento verbal y el visual se complementan el uno al otro. En artículos anteriores, ya comentamos que ambos tipos de pensamiento tenían distintos procesamientos, funciones y localización cerebral; el hemisferio derecho del cerebro puede ser estimulado utilizando dibujos e imágenes visuales. Cambiar de código o utilizar ambos simultáneamente potencian el trabajo intelectual y facilitan la compresión y comunicación de ideas, así como el desarrollo de nuestro pensamiento creador.

Históricamente, podemos ver como en el Renacimiento se produce una eclosión de actos creativos de gran valor. Esta abundancia se vio favorecida por el empleo de dibujos, gráficos y diagramas, para apoyar e ilustrar las ideas. Leonardo da Vinci y Galileo Galilei revolucionarán la ciencia elaborando un cuerpo de conocimientos visibles, con el propósito de facilitar la comprensión, en mayor medida que las matemáticas y el lenguaje. Comienza a ganar peso la idea de que «una imagen vale más que mil palabras».

Una vez que los genios obtienen unas dosis mínimas de capacidad verbal, parecen desarrollar entonces unas habilidades visuales y espaciales, las cuales les proporcionan una gran flexibilidad para desplegar la información en diferentes formas. Cuando Einstein había analizado los problemas en profundidad, encontraba la necesidad de formular la materia en tan diferentes formas como fuera posible, incluyendo el formato de diagramas. Pensaba a través de un código fundamentalmente visual. De hecho, el creyó que palabras y números, no significaban nada en su proceso de pensamiento.

Dispones de múltiples oportunidades para desarrollar de forma entretenida tu capacidad ideográfica: resolviendo jeroglíficos o lo que es mejor, creándolos. Elaborando tu propio sistema de abreviaturas con presencia de signos no lingüísticos o realizando esquemas conceptuales y mapas mentales.

El dibujo es uno de los más poderosos medios de expresión y compresión emocional. Tal y como señala Marián López[1] «El primer trazo que el ser da es algo más que un signo, es un símbolo de su existencia en el mundo. Y en él están conectados los deseos, las pulsiones de un sujeto que desea estar en el mundo.»... «El trazo se convierte en objeto que nos liga-desliga de nosotros mismos, que nos une a los otros en una interrelación de significados. Se convierte en objeto simbólico al cual investimos de contenido personal e inaugura el juego, inicio de la cultura.

El dibujo ayuda a liberar emociones e identificar aquello que cuesta más verbalizar. Intentar entender nuestros dibujos es un ejercicio de extraordinario interés. Como al deshacer un nudo, la cuerda ha de pasar por el mismo sitio por el que lo hizo cuando se anudó. Al buscar ideas en los dibujos, permitimos que afloren materiales que permanecen guardados en capas escondidas de nuestra conciencia.

Constituye así, un excelente medio para ayudar a que las ideas “latentes” se manifiesten. Se atribuye al genial Leonardo, el haber sido el primero en emplear los dibujos automáticos para forzar que las ideas salieran a flote. Desde entonces se han empleado de diferentes maneras. Existen múltiples propuestas que varían en estructuración.

En general, se trata de dibujar lo primero que se nos viene a la cabeza, después de un período de trabajo o reflexión sobre la cuestión a tratar, aprovechando así la fase de “incubación”. Posteriormente intentamos buscar conexiones y asociaciones entre el material dibujado y la cuestión a trabajar. Estas técnicas se prestan a un montón de combinaciones y aplicaciones diferentes. Intenta personalizarlas y flexibilizarlas para poder sacar provecho de ellas en el mayor número de situaciones posibles.

 

Por último, tenemos que hacer referencia al importante papel que juega el color en nuestras sensaciones, percepciones y estados de ánimo.

El color es una parte del espectro lumínico y por lo tanto, energía vibratoria que afecta de diferente forma al ser humano, dependiendo de su tonalidad, saturación y luminosidad.

Desde hace años se ha llevado a cabo una profusa investigación centrada en el análisis de las sensaciones, percepciones y emociones que sugieren o provocan los colores. Aunque existen importantes variaciones culturales, la mayoría de los mensajes cromáticos producen reacciones semejantes. Artistas plásticos, estudiosos del comportamiento, arquitectos, decoradores y especialistas de la comunicación comercial saben bien del poder de transmisión de los colores. Por la misma razón, también debemos tenerlos en cuenta en un gran número de situaciones en nuestra vida: diseñar y decorar nuestro espacio, vestirnos, comunicarnos, a la hora de de crear o elegir envoltorios... Y a la hora de estimular nuestra creatividad.

 

 

 

 

[1] Marián López Fernández Cao y Noemí Martínez Díez. Arteterapia. Conocimiento interior a través de la expresión artística.

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